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En los pasillos municipales de Puerto Madryn la llaman “La Chica Pulpo”, por su capacidad para abarcar distintos espacios de poder.

Barrera comenzó como administrativa de Prensa municipal, pero su carrera cambió con la llegada de Ricardo Sastre a la Intendencia: fue jefa de Prensa, secretaria privada y una de las personas de mayor confianza del dirigente.

Lo acompañó durante la Intendencia y la Vicegobernación. Luego regresó al Municipio y consiguió una banca en el Concejo Deliberante.
Siempre cerca del poder. Siempre dentro del Estado.

La pregunta es inevitable: ¿qué méritos, talento oculto o habilidades extraordinarias justifican semejante influencia?

¿Estamos frente a una funcionaria excepcional o ante una operadora cuya principal fortaleza es conocer los secretos más sensibles del sastrismo?

También debería explicar cuántos cargos ocupa, qué remuneraciones percibe y si sus funciones se superponen. Su escasa exposición legislativa contrasta con el enorme poder que se le atribuye detrás de escena.

Y existe otra pregunta todavía más incómoda: ¿la evolución de su patrimonio se corresponde con sus ingresos declarados?

Barrera puede terminar con las dudas publicando sus cargos, remuneraciones y declaraciones juradas. Si todo es producto de su trabajo y capacidad, no debería existir ningún problema en mostrarlo.

Cuando una funcionaria acumula poder e influencia durante años, preguntar no es perseguir: es controlar.
En Puerto Madryn, los tentáculos del poder parecen llegar demasiado lejos.

¿Quién controla a “La Chica Pulpo”?

Autor: soportelocucionar